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La Comadrona de Constantinopla, de Eylo Márquez

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La Comadrona de Constantinopla nos trae de vuelta a Irene, Enyl y Adal, protagonistas de la Sanadora de Roma, en su periplo por esa etapa tan peculiar de la historia y tan poco explotada en la literatura que es el mundo de la Antigüedad tardía, un mundo sumido en un proceso radical de transformación y de crisis.

Al igual que la Sanadora de Roma, la Comadrona de Constantinopla está narrada en dos tiempos, el actual y el pasado, que vemos a través de los recuerdos de Irene y Enyl, y desde los puntos de vista de estos dos protagonistas. Irene y Adal, en su huida de Enyl, viajarán a Constantinopla, que conserva aún en esa época el conocimiento y la capacidad del imperio romano en su máximo esplendor, ya sea en la medicina, en la cultura o en el poder militar. Enyl, mientras tanto, nos muestra la transformación de Italia bajo el dominio lombardo. A lo largo de la historia vamos visitando otros entornos, como la corte franca o la Roma pontificia, y nos encontramos a personajes que conocemos ya de otras obras de la autora, como Autario o Droctulfo.

Si la Sanadora de Roma es una novela centrada en las pasiones y los descubrimientos de la juventud, en la Comadrona de Constantinopla vemos el crecimiento y el desarrollo de los personajes hasta la etapa plenamente adulta que los lleva a convertirse en la sanadora y el Duque Negro que conocemos en las primeras páginas de la Sanadora de Roma. Una escena particularmente memorable describe cómo Enyl, tras culminar con éxito una maniobra que lo libra de las maquinaciones de su suegro, toma conciencia de haber perdido a la última persona que, para bien o para mal, desempeñaba respecto de él el papel de un adulto: a partir de ese momento está solo, en el sentido de que no queda nadie que se responsabilice o tome decisiones por él, sino que es él quien tiene que responsabilizarse y tomar decisiones en nombre de los que están a su cuidado.

La Comadrona de Constantinopla es en definitiva una novela que sigue un ritmo más pausado y reflexivo que su predecesora, y en la que el elemento romántico, aunque sigue presente, pierde protagonismo en favor de una ambientación histórica más cuidada y elaborada. Unos cambios en el tono y el estilo de la narración que van parejos a las transformaciones y el crecimiento de sus personajes.

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