“La Marcha de Zacatecas” da título a la compilación de relatos resultante del Primer Concurso de Relatos Históricos “Fábulis”, un volumen con propuestas que abarcan desde la Prehistoria a los albores del siglo XX, narraciones de lo más variado en las que si hay que buscar un factor común es el énfasis en las personas y las situaciones de la vida cotidiana, más que en el brillo o la épica de los grandes eventos o los personajes históricos.
Así, en “Lambra”, de Eylo Márquez, asistimos a la dura vida de los colonos que en el siglo X repoblaron la marca entre los reinos cristianos y los árabes, por aquel entonces situada en el cauce del Duero, un entorno en el que el romance, para subsistir, tiene que ser tan áspero y agrestre como el terreno. “Una voz pura y rugosa como la arena” es un relato excelente de Antonio Iniesta Ortuño en el que tenemos la oportunidad de asomarnos a una de esas pequeñas grandes gestas de las personas de la prehistoria, que han quedado completamente olvidadas y sepultadas bajo el polvo de los años, pero sin las cuales no seríamos quienes somos hoy. “El apóstol número trece”, de Carmen Ele, es un retrato lúcido y muy acertado de cómo siempre habrá quien no tenga escrúpulos para aprovecharse de las peculiaridades de una persona con discapacidad y emplearlas para, en este caso, los fines de la organización terrorista IRA. “Koba y el peluquero”, de Manuel Blasco, logra transmitir en sus brevísimas páginas lo que llegó a ser Stalin para sus compatriotas, aun después de muerto, poniéndonos en el pellejo del peluquero que debe acicalar su cadáver para el funeral (“Presta especial atención al bigote, Nicolai. Un solo pelo fuera de lugar y te colgaré de los pies”). Y para terminar con el relato ganador, “La marcha de Zacatecas”, de Juan Manuel Gallego Cañizares, uno de los relatos más largos y elaborados de la compilación, tenemos aquí también a un personaje de relevancia, nada menos que Pancho Villa, pero de nuevo visto a través de los ojos de la gente común, de un niño cuyo padre es uno de los militares encargados de defender Zacatecas frente a los ejércitos del revolucionario.
Junto con estos relatos y los restantes que componen la compilación (que puede adquirirse en este enlace, y que destaca por una notable calidad media; si no menciono otros relatos en más detalle en esta reseña es únicamente por no extenderme demasiado), otra innovación interesante de este libro es incluir algunos de los comentarios a estos relatos realizados por los participantes en el concurso. El concurso “Fábulis” funciona con una mecánica cooperativa en la que autores y lectores tienen la oportunidad de comentar los relatos y aportar sus sugerencias, lo que lo hace muy vivo e interesante y sin duda facilita que se creen redes de apoyo entre los participantes, entre los que hay tanto escritores con varios libros publicados, como autores absolutamente noveles que seguramente se podrán beneficiar mucho de estos contactos con personas con intereses comunes. Pues al igual que la historia avanza a hombros de las personas y los actos cotidianos, la literatura y la cultura también tiene que crecer desde las bases.
