El Blog de Alerce

Videojuegos, matemáticas, literatura, ciencias y filosofía en una mezcla (aparentemente) aleatoria

Popular Hits of the Showa Era, de Ryu Murakami

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Ryu Murakami, ese maestro de la provocación, nos trae en Popular Hits of the Showa Era el relato de una delirante guerra entre bandas que rápidamente escala desde los meros útiles de cocina a las bazucas, hasta llegar a las armas de destrucción masiva, que amenazan, una vez más, con borrar a Tokio del mapa. Hay que ver cómo les gusta a los japoneses fantasear con la aniquilación de su capital.

Pero los que hacen única esta peculiar historia de vendettas son los protagonistas. No se trata de clanes enfrentados de la Yakuza, ni de peligrosos y hábiles criminales o terroristas internacionales. Todo lo contrario. De un lado tenemos un grupo de muchachos veinteañeros, a los que, a falta de un nombre mejor dado por el autor, bautizaré sencillamente como “los descerebrados”, calificativo que creo que ilustra adecuadamente las capacidades que se les presuponen. Del otro, unas mujeres de mediana edad unidas por una serie de desengaños compartidos y por un apellido común a todas ellas: “las Midoris”.

Más allá de las peculiaridades y de los rasgos de género de cada grupo, llevados, como casi todo en Popular Hits of the Showa Era, a extremos caricaturescos, “los descerebrados” y “las Midoris” comparten la misma sensación de vacuidad y de falta de metas. Los jóvenes, que han terminado hace pocos años su etapa de estudiantes y han sido por tanto evacuados a un mundo supuestamente adulto, transitan por diferentes pseudotrabajos sin demostrar un gran interés por progresar en la vida profesional o la personal. A fin de cuentas, la vida tampoco parece muy interesada en ellos. “Las Midoris”, por su parte, fueron cumpliendo con lo que se suponía que la sociedad esperaba de ellas en cada etapa: de niñas, estudiar, pero no mucho, lo justo para saber comportarse como muchachas educadas y de trato agradable. Después casarse jóvenes, tener quizá algún hijo… para llegar a la treintena divorciadas y transformadas en una especie de trasto inútil y gastado que ya no tiene interés de ninguna clase, ni personal, ni profesional, ni sexual. Los integrantes tanto del grupo de “los descerebrados” como del de “las Midoris” han ido gravitando hasta reunirse por una especie de confluencia aristotélica de esencias, pero no porque compartan sentimiento alguno de solidaridad o de empatía. Se juntan sin más para consumir comida basura, ver la televisión o cantar karaoke. Cuando hablan, nadie escucha o tiene el menor interés por comprender lo que dicen los demás. Se limitan a pronunciar sus respectivos monólogos.

Todo esto colapsa cuando, una mañana de especial aburrimiento y resaca, uno de “los descerebrados” se cruza con una de “las Midori”, que vuelve a casa acarreando las bolsas de la compra, y la asesina. La mata sin más, por hacer algo, quizá por verla tan gris y mediocre que matarla parece importar tan poco como no hacerlo. Pero con este crimen aleatorio arranca una cadena de venganzas y de represalias que podría culminar con la (quizá merecida a ojos del autor) destrucción de Tokio.

Tenemos así una novela que, a mi juicio, tiene especial fuerza frente a otras que he leído de su autor precisamente por lo grotesco, por la voluntad manifiesta de no tomarse a sí misma en serio en ningún momento. He leído en alguna reseña que es una lectura difícil por la crueldad y la violencia de algunas escenas, pero tengo que disentir. Para cualquiera que sienta algún rasgo de afinidad con “los descerebrados” o “las Midoris”, lo que en mi opinión debería incluir a cualquier habitante de un país occidental nacido en los últimos cuarenta años, ha de resultar casi imposible leer Popular Hits of the Showa Era sin romper en carcajadas cada pocas páginas. Y es esta lupa deformada, casi grotesca, la que nos muestra ampliadas unas cuantas verdades de nuestra realidad, en la más noble tradición de la sátira. Como profesor, tengo que resaltar una escena en la que un tipo enseña a los pocos representantes de “los descerebrados” que para entonces van quedando vivos a fabricar una bomba termobárica desde el convencimiento de que semejante colección de individuos no sería capaz ni de remover el contenido de un bote con un palo… para encontrarse poco después con que no solo han sabido montar la bomba, sino que también han logrado hacerse con un helicóptero para lanzarla.

Seguramente los críticos sesudos de los grandes periódicos nunca se tomen muy en serio ni den mucho valor a Popular Hits of the Showa Era. Ella misma no lo hace. Pero también en esto tengo que disentir. No puedo negar que, como pariente seguramente más próximo de lo que me gustaría admitir de “los descerebrados”, a estas alturas mi gusto literario seguramente esté permanentemente dañado por la exposición continuada a la cultura popular, la ciencia ficción y los videojuegos. Pero para ese gusto deteriorado, Popular Hits of the Showa Era es el mejor de los libros de Ryu Murakami que he leído, y una de las mejores novelas que he podido disfrutar en los últimos tiempos.

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