En el desarrollo de la fenomenología como una de las corrientes filosóficas principales del siglo XX, Gadamer representa un tercer estadio que, tras la fenomenología trascendental de Husserl y la existencialista de Heidegger o Merleau-Ponty, integra fenomenología con hermenéutica para elaborar una hermenéutica filosófica como base de toda filosofía.
Así, Gadamer escribe:
«Solo en los casos afortunados en los que realmente una conversación tiene éxito, en la que el otro se reúne y co-responde verdaderamente, todo intento de fracaso se transforma en un éxito. Eso tiene validez, asimismo, para la conversación del alma consigo misma, que Platón ha denominado “pensar” y para cada trato con un texto, sea este un poema o un pensamiento. Fenomenología, hermenéutica, metafísica no son tres puntos de vista filosóficos distintos, sino el filosofar mismo» (H.-G. Gadamer, Gesammelte Werke)
El texto comentado, tomado de la edición de las obras completas de Hans-Georg Gadamer mantenida por la editorial Mohr, incide sobre el papel otorgado por Gadamer a la hermenéutica en el conjunto de la filosofía, y recoge conceptos clave para justificar este papel en el pensamiento de Gadamer, como son los de diálogo, comprensión y verdad. Pues es bien conocido que frente al aparente plano de igualdad en el que el título de la obra capital de Gadamer «Verdad y Método» pone a estos dos elementos, el interés de Gadamer está plenamente volcado hacia la componente de la Verdad. Su hermenéutica, frente a las propuestas previas de Dilthey, pero también frente a muchas hermenéuticas contemporáneas, que caen frecuentemente en el antropologismo y el relativismo, tiene su horizonte en el origen del sentido, en esta búsqueda de la verdad. Para ello, es fundamental la recepción de Gadamer de la fenomenología de Husserl, con su rechazo del cientifismo, pero también del metodologismo que limitaba a las hermenúticas previas. Gadamer destaca así en Husserl su constatación del olvido en las ciencias objetivistas de la experiencia pre-científica en la que se fundamenta la donación de sentido, y hace suya la máxima de Husserl de volver «a las cosas mismas». Es también esencial la influencia de la fenomenología ontológica y de la hermenéutica de la facticidad de Heidegger, con su vinculación del ser y del comprender en un plano ontológico. Esta confluencia de estos antecedentes en la fenomenología y la ontología en una filosofía hermenéutica que aspira a establecerse como filosofía primera es la que se expresa de una forma notablemente sintética y categórica en la frase que cierra el texto comentado: «fenomenología, hermenéutica, metafísica no son tres puntos de vista filosóficos distintos, sino el filosofar mismo».
De este modo, la concepción de Gadamer de la hermenéutica no es modo alguno metodológica. Al contrario, la concibe como una teoría sobre el ser humano y sobre su proceso reflexivo. No puede negarse que la hermenéutica tenga como objeto privilegiado el texto escrito como forma de comunicación en la que los contenidos transmitidos quedan fijados de forma permanentemente abierta y disponible a la recepción, interpretación y aplicación de aquello que comunica; y, dentro de los textos escritos, de forma aún más destacada en los poemas a los que alude el fragmento comentado, en cuanto textos que nunca se agotan en una sola lectura, como podría ocurrir con un memorando o una carta, sino que siempre están abiertos a nuevas lecturas que se enriquecen progresivamente a medida que el lector se adueña del poema. Pero, en definitiva, todo proceso reflexivo y toda comprensión, el verdadero pensar que abre acceso a la verdad [1], y con ello toda «conversación del alma consigo misma», es objeto de la hermenéutica. Por ello, ningún sector de la experiencia humana queda fuera de la hermenéutica, por cuanto toda experiencia exige una interpretación que rebasa las intenciones de los sujetos particulares para llegar a un significado.
En la búsqueda de la universalidad, de ese logos universal que reside bajo la universalidad del lenguaje, Gadamer busca así superar las acusaciones de relativismo que Husserl dirigía a la fenomenología hermenéutica de Heidegger transformando la hermenéutica no en una mera cuestión de empatía o de comprensión de las intenciones del interlocutor, sino en una auténtica comprensión de la cosa y del sentido. De ahí el énfasis en la verdad, en que el otro «co-responda verdaderamente», como condición para el éxito para la constitución de la intersubjetividad en la que se asientan objetividad y universalidad. Esta conversación con el otro como la descrita en el texto comentado, una conversación exitosa en la que aprendemos las razones del otro y llegamos a acuerdos, es para Gadamer el mejor ejemplo de la interpretación que lleva a la comprensión y a la constitución del yo, del mismo modo que la adecuada comprensión de un texto escrito no puede detenerse en una simple asimilación de lo que dice el texto, sino que exige reactivarlo implicándose en él de forma activa como receptor, como se haría con un poema o, en general, con una obra de arte; retrotraerlo, en definitiva, y como pretendía Platón, al diálogo vivo en el que se originó, para así pasar de la mera precomprensión literal del texto a la interpretación de su sentido y finalmente a la aplicación que refiera los contenidos del texto, o de la tradición, o del diálogo, al presente vivo del intérprete y a los problemas y requisitos concretos de su situación.
La conversación, el diálogo, es así un proceso especialmente importante para Gadamer [2], que mantiene entre sus propósitos el de la rehabilitación de la retórica, como en otros aspectos de su pensamiento busca también rehabilitar el prejuicio, la tradición y la autoridad. El diálogo, que necesariamente se construye lingüísticamente, constituye para Gadamer el ser mismo del hombre. El diálogo, dentro de una lógica de pregunta y respuesta, abre un círculo y un intercambio entre un sujeto que pregunta de un lado, y del otro un objeto que responde y, al hacerlo, se desvela al sujeto, pero solo porque el sujeto está dispuesto a escuchar verdaderamente, a establecer una conversación verdadera. En este círculo hermenéutico en el que sujeto y objeto quedan igualados porque comprender cada respuesta verdadera no cierra el círculo, sino que abre una nueva pregunta, se revela la estructura ontológica del comprender, de la que su estructura lingüística es un reflejo. El lenguaje, que necesariamente actúa de mediador en este proceso, permite situar este diálogo en el seno de una precomprensión y una tradición, que no necesariamente son negativas, como se presuponía en la Modernidad, por cuanto la aceptación de una tradición o de una autoridad que sean consideradas positivas por el sujeto puede ser plenamente consciente y voluntaria. Más aún, la mediación entre sujeto y objeto, entre los participantes en el círculo hermenéutico, solo es posible gracias a la continuidad que proporciona la lingüisticidad a la experiencia humana, que necesariamente es fragmentaria y temporal.
El círculo hermenéutico de la comprensión adopta de este modo un sentido ontológico que rebasa sus posibles sentidos epistemológicos o metodológicos. La hermenéutica, con su ideal de comprensión e interpretación, no puede para Gadamer restringirse en modo alguno a una mera herramienta para la actualización de textos, ni siquiera a una metodología general para las ciencias humanas o del espíritu, porque su alcance es ontológico y general. La experiencia hermenéutica de Gadamer supone así, como en Husserl, el compromiso de un sujeto con lo que no es él, la apertura a la verdad desde un horizonte siempre móvil y compartido [3]. Toda la obra principal de Gadamer, Verdad y Método, se puede en efecto interpretar como la búsqueda de las condiciones de posibilidad de la comprensión y de la verdad. Fenomenología, hermenéutica y metafísica no son por lo tanto tres vías distintas, sino una única filosofía, que además es filosofía primera, por cuanto las tres se ocupan de la totalidad en la que se manifiestan las cosas [4].
Referencias
[1] Luis Eduardo Gama. El método hermenéutico de Hans-Georg Gadamer. Escritos, vol. 29, no. 62, pp. 17-32, 2021.
[2] Gadamer, Hans-Georg, en José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía. Ed. Ariel, 1994.
[3] El problema de la verdad en las ciencias históricas-hermenéuticas, en Diego Sánchez Meca, Teoría del Conocimiento. Ed. Dykinson, 2012.
[4] El legado husserliano en la hermenéutica-filosófica de H-G. Gadamer, en Mª Carmen López Sáenz, Corrientes actuales de la filosofía I en-clave fenomenológica. Ed. Dykinson, 2ª ed., 2016..
