Para introducir el pensamiento de Gianni Vattimo, y en particular su obra “Vocación y responsabilidad del filósofo”, puede ser conveniente comenzar presentando precisamente qué constituye para Vattimo esta responsabilidad, y cómo puede ejercitarse, cuestiones que en la obra comentada se tratan fundamentalmente en su último capítulo, “Vocación a la filosofía”. Pues en la actualidad toda empresa filosófica debe plantearse qué lugar ocupa entre otros conocimientos y qué pretende conseguir. Para Vattimo, la respuesta a estas cuestiones radica en el valor ético.
Vattimo plantea una filosofía que es ante todo un proyecto de transformación y emancipación del hombre. La filosofía, que en unas líneas de este último capítulo Vattimo caracteriza como “aquello en lo que piensas cuando no tienes nada específico en qué pensar”, ha de ser para él una obra al servicio de la salvación de las personas, y primordialmente de las muchas que no tienen la posibilidad de evadirse de los pensamientos específicos de la lucha por la pura supervivencia. Es por ello que para Vattimo el filósofo tiene una responsabilidad como “opinador profesional” en los medios de comunicación, y también que desde su punto de vista el único modo de emprender un trabajo en filosofía sea abordar la política y la religión.
Encuadrándose en este proyecto emancipador, un elemento clave de su pensamiento es la distinción de Heidegger entre ser y entes, distinción que como ya planteó Heidegger ha quedado anulada en el pensamiento occidental desde la modernidad. Para atajar las consecuencias negativas de esta confusión, Vattimo presenta su aportación fundamental del debilitamiento de la noción de ser.
En efecto, y tal como indica Heidegger, la confusión entre ser y entes y la correspondiente conversión de toda la realidad y, dentro de ella, de los propios seres humanos, en objeto del conocimiento científico-técnico positivista, convierte a los seres humanos en criaturas tan sujetas a las leyes positivistas como los planetas en su movimiento en sus órbitas. Del mismo modo, la historia se transforma en un proceso encaminado ineluctablemente hacia un cierto fin, que sería además el final “correcto” por ser coherente con dichas leyes objetivas. Este planteamiento impone un marco al que las personas se deben ajustar, definido por lo que supondría ser humano de una forma adecuada, es decir, según las leyes que lo rigen; los alejamientos de este patrón quedan así convertidos en desviaciones patológicas que han de ser corregidas, y la verdad degenera en herramienta violenta de represión.
Por ello, para Vattimo esta metafísica ha de ser superada en el pensamiento postmoderno no ya por razones epistémicas, es decir, porque se haya encontrado una respuesta “más correcta”, sino aun antes que esto por puras razones éticas. Y para Vattimo, esta superación de la metafísica pasa por entender al ser no como esencia fija, sino como evento; en definitiva, por un debilitamiento del ser. Vattimo sigue aquí los pasos de Heidegger en su concepción “epocal” del ser y en su proyecto de destrucción y reasimilación de la metafísica (la dupla Verwindung –cura, superación- y Andenken –rememoración).
Surge así la cuestión de las relaciones entre ciencia y filosofía y, por lo tanto, el problema de la noción de verdad. Para Vattimo, esto no supone en modo alguno dudar de los éxitos de la ciencia, o de que sus horizontes sean la búsqueda de objetividad y universalidad; al ejemplo de la calefacción de Vattimo en la obra comentada se puede unir, sin ir más lejos, que mientras escribe esto, el autor se mantiene mantiene dentro de los postulados de una verdad científica objetiva respecto de la existencia y correcto funcionamiento de ciertos medios técnicos que permitirán que otras personas lo reciban y lo lean en un futuro.
Pero al tiempo que no pueden ponerse en duda estos éxitos, se puede (e incluso se debe) dudar de los postulados que los acompañan, y particularmente de la aparente inmutabilidad y falta de historicidad que los diferencia de otros elementos culturales. Pues estos postulados se derivan de una concepción fuerte del ser: el ser como esencia fija susceptible de un conocimiento objetivo, la correspondencia entre realidad y conocimiento a través de una razón universal. Y estas premisas, que la modernidad tomó como axiomas autoevidentes, cuando no pasan de supuestos metafísicos, han producido resultados nefastos tan constatables como los éxitos de la técnica A este respecto, hay que tener presente el periodo histórico en el que escribió Vattimo, nacido en 1936 y recientemente fallecido en 2023, que se ubica en la estela de los totalitarismos del siglo XX y la Guerra Fría.
Es decir, para Vattimo no hay un problema filosófico de verdad o falsedad en la ciencia, ni debe esperarse que la filosofía corrija el método científico o que fundamente la lógica en la que se apoya; en correspondencia con Feyerabend, Vattimo ubica el campo de la filosofía de la ciencia en la reflexión acerca de los efectos históricos del pensamiento positivista y sobre todo de la tendencia hegemónica desde la modernidad de considerar el conocimiento positivista como el patrón y la frontera irrebasable de toda verdad.
De ahí la necesidad ética del debilitamiento del ser, y de una filosofía hermenéutica que, siguiendo a Gadamer, ponga bajo sospecha la noción metafísica de verdad. Para Vattimo, la modernidad, que fue la era de la razón universal, la rigidez y los totalitarismos, debe dar paso a una postmodernidad de diálogo, tolerancia, caridad y un cierto relativismo; un pensamiento postmetafísico, sin fundamentos, que somete a crítica la idea de verdad objetiva. Así, Vattimo declara que “(…) dondequiera que haya una autoridad que en cuanto comunidad científica o eclesiástica impone algo como verdad objetiva, la filosofía tiene el deber de proceder en la dirección contraria, de mostrar que la verdad nunca es la objetividad, sino siempre diálogo interpersonal que tiene lugar en un lenguaje compartido”.
Como Nietzsche, Vattimo busca por tanto desenmascarar las huellas de un pensamiento totalizador tras los grandes relatos heredados de la modernidad, y sacar a la luz lo que se oculta tras todos aquellos fundamentos biológicos, históricos o filosóficos que pretenden hacerse pasar por naturales. Para ello se apoya en una idea de verdad que ensancha y rebasa la verdad objetiva de la ciencia, por cuanto no es tanto un ejercicio de demostración, como de persuasión, que no puede contentarse con constatar cómo están las cosas, sino que pretende transformarlas y contribuir así a la emancipación del hombre. Para Vattimo, no se trata tanto de que “la verdad nos hará libres” como de que “es verdad lo que nos libera”. Por ello, los argumentos filosóficos son ad homines, no ad hominem, y la verdad que se maneja en estos argumentos es una verdad ética que rebasa la verdad objetiva. Un debilitamiento pues también de todo dogmatismo e integrismo; y con él, un cierto relativismo, como se ha indicado, elemento que con los sucesivos anuncios de las muertes de los garantes de los fundamentos realizados desde Nietzsche siempre resulta problemático, y que en la propuesta de Vattimo se matiza desde la consideración de que las diferencias no deben disolverse, ignorarse o meramente “respetarse”, sino ciertamente problematizarse, pero siempre desde la tolerancia y empleando la persuasión.
La filosofía de Vattimo es en definitiva una filosofía hermenéutica, pero con alcance ontológico. Una filosofía débil, que ya no puede sustentarse en la búsqueda de verdades incontrovertibles, y que debe ser en cambio consciente de su inevitable acontecer, de su carácter necesariamente local; una filosofía que no puede situarse por encima de su historia y de su tiempo, pero que ciertamente puede decir algo sobre ellos. Tomando como referentes expresos a Nietzsche, Heidegger y Gadamer, puede calificársela de hermenéutica nihilista, guiada por la sentencia de Nietzsche que Vattimo hace suya: “todo es interpretación y también esto es una interpretación”. El pensamiento débil defiende así una libertad de interpretación no sujeta a las restricciones de una lógica de verdades absolutas. Es una filosofía que tiene como obligación ética poner bajo sospecha toda pretendida verdad absoluta, pues ha de abandonarse la idea de que el ser humano sea un sujeto neutro capaz de representarse las cosas objetivamente, tal y como son: la dilución del ser diluye también las nociones de realidad y verdad, les impone la necesaria mediación de la interpretación. Para Vattimo, el pensamiento débil es así el pensamiento de los débiles, la vía de salida para las minorías silenciadas por el monopolismo alienante de la concepción positivista de la realidad.
