Mickey7 es una novela construida sobre la premisa de una sociedad que dispone de la tecnología para clonar a individuos. Esta tecnología permite “cultivar” los cuerpos adultos en pocas horas, y depositar en ellos los recuerdos que se han grabado del individuo original. Esto permite proporcionar a la persona una “inmortalidad de facto”, pues si muere en un accidente, se la puede duplicar casi de inmediato con su cuerpo y todos sus recuerdos y experiencias originales. Por ello, esta sociedad emplea a los clones como una suerte de “mano de obra prescindible” para las tareas más peligrosas que van surgiendo en la exploración espacial y la colonización de nuevos planetas. Mickey7 es así una novela en la que una trama entretenida no está reñida con reflexiones interesantes acerca de las posibles tecnologías futuras de clonación y sus implicaciones sobre la identidad de las personas.
En este buen balance entre peripecias y filosofía, hay una interesante escena en la que la persona que se ha prestado a este puesto de clon es educada sobre las características y los requisitos de su trabajo. Por razones que van siendo cada vez más claras a medida que se avanza en la novela, la gente no está particularmente interesada en esta especie de “inmortalidad”, sino que más bien la rehuye, y el futuro clon necesita que le conciencien sobre las ventajas de su puesto. Para ello, su educadora recorre las diversas posturas filosóficas que han ido apareciendo a lo largo de la historia sobre el tema de la identidad, y en particular hace énfasis sobre la de Locke.
Para Locke, la identidad de las personas reside en la memoria. Este planteamiento recoge una idea que intuitivamente resulta muy poderosa, que es la de que la identidad consiste en la suma de experiencias y vivencias que cada cual vamos recogiendo en nuestras vidas. También es una postura que justifica plenamente los postulados de la tecnología de clonación de Mickey7, pues si el clon tiene un cuerpo idéntico al original y una suma de recuerdos que también son idénticos a los originales, es, para todos los propósitos, la misma persona que la original y la receptora de su identidad.
Como ocurre con muchas posturas filosóficas, los problemas del planteamiento de Locke surgen cuando se lo lleva a sus extremos. Por mencionar un par de ejemplos, aplicando de forma estricta los postulados de Locke, una persona aquejada de un caso grave de Alzheimer ya no sería tal persona, pues ha perdido sus recuerdos. O un integrante de un “escuadrón de la muerte” de un régimen dictatorial que asesina día sí y día también a los opositores como quien va a la panadería, hasta el punto que ya no puede honestamente recordar a las personas que asesinó hace dos años, podría declarar que ya no es la persona que cometió esos asesinatos o declinar su responsabilidad sobre ellos, puesto que no forman parte de sus recuerdos y, por lo tanto, de su identidad actual.
Esta clase de argumentaciones, que pueden parecer un poco “sofísticas”, son en realidad útiles para buscarle las costuras a una teoría, y también a quienes emplean esta teoría para justificarse, como por ejemplo los responsables del programa de clonación de Mickey7. La idea de que enviarte a misiones suicidas es aceptable porque te van a reconstruir en una copia idéntica de tu cuerpo y tus recuerdos puede parecer más o menos válida en una primera aproximación, pero al buscar los recovecos y los casos límite es cuando surgen problemas como los que el protagonista de Mickey7 se va encontrando.
Para ilustrar estos problemas, es útil regresar a la historia de la filosofía y a la que fue en su momento la réplica a los postulados de Locke, que en este caso se debieron fundamentalmente a Hume. Para Hume, la identidad es, al igual que otros muchos elementos como la ley de la causa-efecto, una pura ficción que la costumbre va construyendo en ese “teatro de las percepciones” que es nuestra consciencia. Una postura que ciertamente parece muy destructiva, pero que desde los postulados de una teoría puramente materialista como la que es ampliamente dominante hoy en día (me viene a la mente uno de los recientes libros de Arsuaga-Millás como una interesante discusión de este aspecto), es sumamente difícil de rebatir.
En esta construcción precaria de la identidad, en la que hasta el momento nadie ha conseguido identificar unos “cimientos” indiscutibles, la memoria es ciertamente un ingrediente importante. Por eso, cuando la historia y las experiencias se bifurcan, también se rompe la continuidad de la identidad; esto es lo que ocurre por ejemplo en Mickey7 cuando algunos clones rehúsan grabar sus recuerdos o cuando, en cierto momento de la novela, dos clones coexisten: el protagonista contempla a esas copias con cierta distancia e indiferencia e, incluso, en ocasiones hasta parece que le caen mal o que preferiría que estuviesen muertos. Lo que es claro (y razonablemente intuitivo para el lector) es que tras esos puntos de bifurcación, se rompe la cadena de la identidad.
Pero la ruptura no ocurre únicamente en esos puntos. Incluso cuando no hay divergencias antes y después del punto de interrupción de cada muerte y reconstrucción del clon, la continuidad de la identidad es dudosa. Como por ejemplo han destacado algunos filósofos de la fenomenología, como Merleau-Ponty, la identidad no es una cuestión puramente “mental”, sino también material, abarca al cuerpo, pero no como materia inerte que es receptáculo de un “espíritu”, sino como “cuerpo vivido”, como “carne”. Al protagonista de Mickey7 le produce rechazo visitar los lugares donde se reciclan los materiales orgánicos y se cultivan los cuerpos porque no hay forma de que instintivamente pueda percibir ese pedazo de matera orgánica como su cuerpo. O, como declaran otros autores como Deleuze, sencillamente no existe ninguna «identidad persistente» que el individuo pueda utilizar como cimientos inamovibles sobre los que edificarse, sino que la identidad es un proceso dinámico, permanentemente en construcción, un andamiaje siempre precario y expuesto a que un mal golpe de viento pueda derribarlo.
En definitiva, un problema sin duda complejo que, en la más pura tradición de la ciencia ficción, Mickey7 anticipa y nos trae de un futuro quizá lejano… o quizá no tanto. La identidad, la mente, o, desde una perspectiva puramente materialista, el cerebro, es uno de los objetos de estudio más fascinantes e importantes de nuestros días, y quizá dilemas como los de Mickey7 lleguen antes de lo que esperamos.
