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Husserl y la Reducción Trascendental

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La Reducción Trascendental es para Husserl el paso fundamental con el que, tras poner entre paréntesis todo dato o convicción que puedan contener los fenómenos para así volverse a los fenómenos mismos, se llega a la conciencia y el yo como fondo último.

Así, Husserl escribe:

«Sólo por medio de una reducción –a la que vamos también a llamar ya reducción fenomenológica- obtengo un dato absoluto, que ya no ofrece nada de trascendencia. Si pongo en cuestión el yo, el mundo y la vivencia del yo como tal, entonces la reflexión simplemente intuitiva vuelta sobre lo dado en la apercepción de la vivencia de que se trate, sobre mi yo, da el fenómeno de esta apercepción; por ejemplo, el fenómeno “percepción aprehendida como percepción mía” (…) Pero puedo también mientras percibo, dirigir la mirada, viéndola puramente, a la percepción, a ella misma tal y como está ahí, y omitir la referencia al yo o hacer abstracción de ella. Entonces, la percepción visualmente así captada y delimitada es una percepción absoluta, carente de toda trascendencia, dada como fenómeno puro en el sentido de la fenomenología.» (E. Husserl, La idea de la fenomenología)

El texto comentado forma parte de La idea de la fenomenología (1907), obra en la que se compilan una serie de cinco conferencias dictadas por Husserl en la Universidad de Gotinga entre abril y mayo de 1907. Esta obra representa un giro en el pensamiento de Husserl, culminado algunos años más tarde en Ideas Relativas a una Fenomenología Pura y a una Filosofía Fenomenológica (1913), de tal importancia que algunos autores lo utilizan como indicador de un cambio de etapa en la obra de Husserl [1]. Así, partiendo de una primera etapa «pre-fenomenológica», representada primordialmente por las Investigaciones lógicas (1900), en las que Husserl se preocupa ante todo por temas de fundamentación de la lógica, en la línea marcada por Frege, con La idea de la fenomenología puede decirse que comienza el desarrollo de la fenomenología de Husserl como tal, continuando aún con el anhelo de Frege de combatir el psicologismo, pero considerando ya este objetivo como la necesidad de pasar de una fenomenología entendida como una psicología descriptiva a una fenomenología trascendental. En esta transición, el concepto de reducción, planteado por primera vez en La idea de la fenomenología en fragmentos como el comentado, es fundamental; una vez que Husserl lo alcanza en esta obra, ya nunca lo abandonará. El texto comentado recorre de forma sintética este concepto, en una ruta marcada por palabras clave como «poner en cuestión el yo», «reflexión simplemente intuitiva vuelta sobre mi yo», «dato absoluto que ya no ofrece nada de trascendencia» o «fenómeno puro», como se trata en los siguientes párrafos.

En primer lugar, el objetivo es, como se ha indicado, refutar el psicologismo, defecto del que para Husserl adolecen tanto el dogmatismo racionalista como el escepticismo empirista en torno a los que se habían venido polarizando ciencia y filosofía. De su primera etapa lógica y matemática le viene a Husserl el anhelo de mostrar que las leyes lógicas son leyes puras, trascendentales, que proceden del mundo, que es inteligible, y no de una esfera separada al estilo platónico, pero que a la vez no son en modo alguno puramente empíricas en un sentido positivista. Pero, gradualmente, en el proceso que lleva a las Ideas (1913), este objetivo se subsume en el propósito mayor de proporcionar una nueva base para la ciencia que supere las limitaciones del racionalismo idealista y del empirismo.

Esta búsqueda de una nueva filosofía como ciencia rigurosa, desprovista de todo prejuicio y presupuesto, ha de basarse para Husserl en un objeto que esté al alcance de todos y que esté fuera de toda discusión, objeto que no es otro que el fenómeno, las cosas mismas a las que se ha de ir, como requiere la conocida máxima de la fenomenología de Husserl. El conocimiento sobre este objeto ha de estar a su vez basado en un principio válido en sí mismo, que dote a dicho conocimiento de una objetividad admitida por todos, una objetividad intersubjetiva, principio que para Husserl es el yo trascendental [2]. Se pueden apreciar en este planteamiento influencias de Kant, presentes en Husserl desde un comienzo, y también de Descartes, que tendrán un peso creciente en Husserl, como ilustra el título de su obra tardía Meditaciones cartesianas (1931). Aunque, sin embargo, para Husserl el cogito cartesiano está sin embargo aún en un plano psicológico, subjetivo, y por este motivo considera preciso dar un paso más hacia el objeto de este pensamiento, el fenómeno, el cogitatum. El método que permite esta transición es precisamente la reducción fenomenológica.

Una filosofía como ciencia estricta ha de sustentarse en efecto en un nuevo método que permita pasar de la actitud natural, espontánea, de nuestra vida cotidiana, actitud que se queda anclada en los presupuestos y prejuicios del sujeto empírico, a una actitud filosófica (o, ya en el seno del pensamiento de Husserl, fenomenológica), caracterizada por la objetividad, y fundamentada en el sujeto trascendental como principio donador de objetividad [3]. Este nuevo método fenomenológico debe por lo tanto comenzar por distanciarse de los presupuestos del sujeto empírico, por poner «en cuestión el yo, el mundo y la vivencia del yo como tal», operación a la que Husserl denomina con el término epojé.

La epojé consiste de este modo no tanto en suprimir o negar los principios de la actitud natural o espontánea, como por ejemplo la misma validez de la realidad existencial (como sí hacía, en cambio, Descartes, que se consideraba así obligado a tratar de demostrar la existencia de esta realidad a partir del yo pensante del cogito), sino en dejarlos entre paréntesis. Aun rechazando el escepticismo empirista, Husserl se define a sí mismo como un empirista, puesto que considera que toda evidencia llega a través de las percepciones de los sentidos, pero puntualiza que estas percepciones han de pasarse por el tamiz de la suspensión del juicio para evitar excesos como, precisamente, el fisicalismo empirista. Pues practicando esta suspensión del juicio, prescindiendo de la validez de la realidad existencial y, con ella, del yo empírico, se llega al «fenómeno puro» mencionado en el texto; y, con él, al yo puro, el yo trascendental desde el que se puede reconstruir de forma justificada todo lo que se había dejado entre paréntesis. Se tiene, en palabras de Husserl un «positivismo absoluto».

El proceso que ejecuta ese movimiento de refundación a partir de los fenómenos puros proporcionados por la epojé es la reducción fenomenológica. Husserl distingue dos etapas en este proceso: la reducción eidética y la reducción fenomenológica [4].

La primera etapa es la que, partiendo de esta «percepción absoluta, carente de toda trascendencia» descrita en el textocomentado, proporciona los aspectos eidéticos o las esencias de las cosas. Estas esencias han de ser la materia de una ciencia rigurosa, que como tal no trata con hechos circunstanciales, sino con las puras esencias que se realizan en estos hechos. Husserl no tiene una concepción sustancialista de las esencias al estilo platónico. Las esencias para él son en cambio las configuraciones intrínsecas de los hechos, que tienen la cualidad de poder ser cogitatum, objetos de la conciencia. Husserl pone como ejemplo el paso del fenómeno de la percepción proporcionado por la observación de un dado a la idea geométrica de cubo; esta idea es común a distintos fenómenos, y, del mismo modo, un único fenómeno, como el dado, puede ejemplarizar otros eidos diferentes, como por ejemplo el color blanco. El apelativo «reducción» hace así referencia al paso de la experiencia de un objeto concreto a la experiencia de un eidos, es decir, a la valoración de los casos individuales hasta llegar a unas notas invariables que ya no se pueden eliminar [5]. Las diferentes ciencias, si han de ser rigurosas, deben operar sobre estos eidos; cada una de ellas, sobre una determinada esencia o sobre un grupo interrrelacionado de estas esencias.

Esta etapa de reducción eidética va seguida por la reducción trascendental. La reducción eidética nos proporciona las esencias, pero estas no están aún justificadas; para ello, han de remitirse estas esencias al yo como principio de objetividad desde el que se puede justificarlas. Para ello, es preciso reflexionar sobre el acto mismo más que sobre su objeto, poner entre paréntesis las esencias mismas para alcanzar el residuo fenomenológico de la conciencia trascendental. De este modo, se descubre la dualidad noesis/noema que estructura la conciencia: el hecho de que la conciencia es conciencia de algo, noesis, pero también de que ese algo es independiente de la conciencia, noema, y puede por ello ser objetivo.

La combinación de la reducción eidética con la reducción trascendental proporciona en definitiva la «reducción fenomenológica» que se presenta en el texto comentado. Esta reducción nos conduce de la actitud natural, que se dirige a objetos físicos individuales, a una actitud trascendental eidética, que estudia noesis y noemas, las características esenciales de actos dirigidos a esencias. Y en la base de este proceso se encuentra el sujeto, el único residuo que queda inalterado tras este proceso de reducción; por ello, Husserl denominaba su filosofía trascendental con el apelativo de «egología» [3].

La reducción fenomenológica es así una de las ideas más perdurables y con más influencia de Husserl. Puede afirmarse que produjo un gran debate filosófico que dividió a los seguidores de Husserl, entre aquellos que parten directamente de este concepto, como Scheler, y otros que, como Heidegger, critican fuertemente la reducción trascendental de Husserl por considerarla un puro regreso a la ontología de Descartes (pero no pueden dejar de considerarla en sus planteamientos o hacen uso de aspectos de la nueva metodología de Husserl como la epojé)[6]. Siguiendo las críticas de estos últimos autores, puede concluirse que el trabajo de Husserl sobre la reducción fenomenológica ilustra el papel posiblemente oculto que los marcos de pensamiento preestablecidos juegan en nuestros juicios, incluso (o particularmente) en las ciencias positivas pretendidamente neutras y, por lo tanto, la importancia de distanciarse de estos marcos; pero también la dificultad (o, posiblemente, imposibilidad) de ejecutar completamente este distanciamiento y abstraerse, por ejemplo, de los prejuicios cartesianos que pueden identificarse en los planteamientos de Husserl.

Referencias

[1] Husserl, Edmund, en José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía. Ed. Ariel, 1994.

[2] El objeto de la fenomenología trascendental, en Diego Sánchez Meca, Teoría del Conocimiento. Ed. Dykinson, 2ª ed., 2012.

[3] La fenomenología trascendental, en Mª Carmen López Sáenz, Corrientes actuales de la filosofía I en-clave fenomenológica. Ed. Dykinson, 2ª ed., 2016.

[4] Dagfinn Follesdal, Las reducciones de Husserl y el papel que desempeñan en su fenomenología. Stoa, vol. 8, no. 15, pp. 7-20, 2017.

[5] Miguel Alcázar Medina, La reducción eidética en Husserl y Scheler, en César Moreno Márquez y Alicia Mª de Mingo Rodríguez (eds.), Signo, intencionalidad, verdad. Editorial Universidad de Sevilla, 2005.

[6] Abelardo Montiel. Disputa entre Husserl y Heidegger: de la fenomenología reflexiva a la fenomenología hermenéutica. ARANDU-UTIC Revista Científica Internacional, Vol. III, Num. 1, pp. 201 – 231, 2016.

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